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miércoles, 15 de febrero de 2012

Capítulo 34: Solo un poco de tiempo


Dom se tapó los oídos con las manos, el estruendo de sirenas, golpes y vidrios al quebrarse acosaba las cuatro paredes en que estaba encerrado con Amélie. Amélie dijo que sus padres llegarían pronto por él, pero no le creyó porque era una mentirosa que traicionó a Anthony, además Dom sabía que a su padre no le caía bien. Su papá era Jared sin importar lo que Gustave dijera. Jared lo abrazaba, le daba besos, le contaba cuentos y jugaba fútbol con él.

La puerta se abrió y el pequeño alzó la mirada al reconocer la voz de André. El hombre hizo una mueca al verle la mejilla, pero antes de que dijera algo el niño estaba siendo abrazado por Jared. André los dejó tranquilos y le cogió el brazo a Amélie, a la cual Jared le lanzó una mirada de desprecio cuando pasó por su lado.

Amélie le avisó a George del lugar, pero no impidió que le hiciera daño a su hijo. Aun así tenía un auto que la llevaría a donde quisiera, la promesa de un lugar seguro y un trabajo estable.

—¿Y mamá? —susurró Dom en su oído. Jared le dio un beso en la mejilla y le limpió las lágrimas, no quería explicarle al niño que George decidió que Lin armaría un alboroto y le echó un sedante en el agua. Su mejor amigo estaba en el hospital, su hijo asustado y con el labio partido, su esposa drogada y George sonreía.

—Podemos irnos —declaró el anciano dándose por satisfecho después de hablar con la policía, desde su punto de vista todo estaba arreglado.

Jared sintió el irrefrenable deseó de matar a su suegro, pero solo se metió al auto en silencio. «Dom está bien» repitió mentalmente. Gustave iría a la cárcel, cuando George estuviera anciano y no pudiera valerse por sí mismo lo enviaría a un psiquiatra, desgraciadamente George era esa clase de anciano que aún tenía demasiado por dar.


Evangeline arrancó a Dominic de los brazos de Jared en cuanto salieron del auto. Le lanzó una mirada furibunda a su padre, que se dirigió a la casa con el paso elegante y arrogante que de niña la intimidaba.

—Te quiero, mamá. —Sintió que el aire le volvía a los pulmones cuando el niño se abrazó a su cuello.

—Yo te amo —replicó apretándolo contra su cuerpo y le dio un beso en la frente. Jared le había limpiado la cara, así que no quedaba rastro de la sangre, pero sí de donde salió. Su madre le acarició la mejilla y entró a la casa donde todos estaban esperando.

Jared estaba hablando por teléfono. Raúl, André y Paloma charlaban, pero cuando vieron al pequeño esbozaron tal sonrisa que Dominic volvió a sentir que estaba a salvo. George no estaba por ningún lado, así que supuso que se encontraba en el estudio.

Después de que Jared le avisó a su familia que todo estaba bien, que Dominic llamara a Gregory y le contara lo ocurrido, Evangeline convenció a Jared de irse. Lo único que querían era estar solos con el pequeño, así que al llegar a casa pusieron una película, Jared hizo palomitas y cuando acabó lo que veían Dom se acostó con ellos. Evangeline tardó mucho en dormirse. Su corazón estaba hecho un lío, tenía un nudo en la garganta y el calor la estaba sofocando, pero si se quitaba las cobijas se congelaría. Que Jared tuviera abrazado a su hijo no le ayudaba.


—¿Qué? —reclamó Jared mirándola empacar desde el borde de la cama. Evangeline suspiró y se pasó la mano por los ojos. Se encogió de hombros, sintiendo que una parte de sí se rompía, estaba cansada y deseaba alejarse de todo. Las notas de Dom reposaban en la mesita de noche, con dos meses de vacaciones por delante tenía la oportunidad de salir de viaje—. No puedes irte —masculló.

—Pase mi carta de renuncia hace una semana, así que mi contrato con tu empresa ya está acabado —musitó cerrando la maleta.

—El trabajo no importa —replicó irritado y la siguió hasta la habitación de Dominic. El niño estaba en casa de Gregory ya que no se verían por semanas—. Lin, ¿estás escuchando? —inquirió impaciente.
Evangeline asintió, quería llorar, por no pensaba hacerlo delante de Jared.

—Iré con Dom a la casa en la playa que tiene George —balbuceó haciendo una mueca al recordar el día que le ofreció la casa.


El día siguiente al secuestro de Dom, después de haberlo pensado durante toda la noche, había ido a casa de George, quien ni siquiera levantó la vista de sus papeles cuando la oyó entrar en el estudio. Antes de que pudiera empezar a hablar George murmuró:

—Sabía que vendrías.

—No me conoces para saber lo que haré —reclamó enojada, sentándose frente a él.

—Eres mi hija. Claro que te conozco —replicó tranquilamente y pasó la página de lo que leía.

—Para conocer a alguien necesitas tiempo, algo que tú nunca me diste, ni siquiera en este momento.

—Hay muchas formas de conocer a alguien. —George dejó los papeles en el escritorio y se quitó las gafas, con la misma monotonía y cuidado con que hacía todo, las limpió con un paño de seda y volvió a ponérselas—. Te pareces tanto a mí que… a veces olvidó que eres hija de tu madre —susurró distraídamente. Volvió a fijar su vista en los papeles—. Puede que tengas mis ojos, pero miras el mundo como ella lo veía.

Evangeline se quedó en completo silencio, sin comprender la repentina mención de su  madre, cuando era una niña George evadía cualquier pregunta sobre ella.

—¿Qué significa eso? —interrogó cuando se cansó de buscarle el significado a las palabras—. Ella no te importaba.

—Solo lo que escuchaste y tu madre me importaba mucho. Me importaba tanto que me negué a encadenarla a una vida que la haría infeliz, desgraciadamente para cuando comprendió eso tú ya habías nacido.  —Se levantó, cogió un libro de la biblioteca y volvió a su lugar—. La dejé marchar y no protesté cuando te llevó con ella. Sabía que no estaba hecha para la vida que yo llevo, pero ella se negaba a creerlo.
—Pudiste cambiar.

—No quería hacerlo. Por mucho que una persona quiera a otra, en ocasiones no están hechos para estar juntos. —Su tono era resignado—. La razón por la que te lo digo ahora es que sé que quieres dejar a Jared. —Evangeline se mordió los labios y apartó la mirada—. Él puede ofrecerte lo que tu madre quería que le diera. Lo que necesitas —suspiró pesadamente. Una verdad que hace mucho tenía aceptada: su hija tampoco estaba hecha para la clase vida que llevaba—. Piénsalo bien antes de tomar una decisión. Las vacaciones de Dom serán en dos semanas —sacó un sobre del cajón y se lo extendió. Evangeline lo abrió, dos boletos de avión para la Riviera Francesa. Su padre usaba esa casa para agasajar a sus socios, rara vez para vacacionar—. Ya he dado la orden para que esté lista si decides ir, por el tiempo que quieras —añadió y le hizo un gesto para que se fuera. Antes de marcharse lo escuchó decir—: Sé más valiente de lo que yo fui. No lo arruines.


Dominic miró impaciente a su alrededor, apretó la mano de su papá. Káiser gruñó desde el interior de su caja de transporte. Dom le había metido la pelota de goma para que no se aburriera, pero el cachorro no estaba feliz. El niño tampoco estaba contento.

—¿Por qué tú no vienes? —preguntó de nuevo mirando a su padre.

—Tengo que trabajar —repitió en un suspiro. Evangeline se mordió los labios y apartó la mirada. Pese a que necesitaba tiempo para pensar no quería que Dom se preocupara. Con Gustave detrás de rejas y con George siendo George de nuevo, todo volvía a la normalidad. Jared le sonrió al niño y le dio un beso en la mejilla—. Pórtate bien.

Dominic frunció el ceño y se agarró a la mano de su madre.


Evangeline se fijó en su hijo, tenía el cabello más revuelto de lo normal por la brisa marina, jugaba a la pelota con otro niño. Káiser estaba dormido a su lado, estuvo jugando con los niños un rato, pero el sol y el mar lo dejaron exhausto.

—Mira, mamá —gritó Dominic emocionado abriendo la palma de la mano. Un pequeño cangrejo exhibía sus patas ansioso por volver al agua. Káiser abrió los ojos al escuchar la voz de su dueño, batió la cola, pero pareció cansarse porque cerró los ojos y se durmió. Dom soltó una carcajada y le acarició la barriga, el animalito agradeció lamiéndole la mano—. Extrañó a papá —declaró sentándose en las piernas de su madre.

Evangeline contuvo el aliento, ella también lo extrañaba. Aunque hablaba con él por teléfono casi todos los días, al igual que Dominic, se le hacía un nudo en la garganta y no podía decirle lo que sentía. No era que se hubiera acostumbrado a él, era mucho más que eso. Jared la hacía reír, con él se sentía segura y le gustaban sus detalles sencillos. Lo quería.

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3 Plumas:

Eli dijo...

¡Vaya, Evangeline al fin ha visto la luz! Me ha gustado como la historia todavía se mantiene, espero que pronto Jared y Evangeline aclaren sus sentimientos.

Un beso

Dominique dijo...

Hola al fin Evangeline admite que siente algo por Jared. Que bueno, espero que se arreglen las cosas entre ellos.

Hasta el proximo capi :D

R dijo...

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