Jared tuvo que contarle toda la
historia a su hermana mientras sostenía una bolsa muy fría en su oreja, de igual forma le quedó roja, pero era mejor
decirle la verdad antes de que ella volviera con su súper táctica de castigo.
Debió dejar que Anthony le
pintara el cabello de naranja el día de su boda, igual ya no podía devolver el
tiempo y solo quedaba soportarla a ella y sus torturas.
Suzanne se había quedado
pensativa luego de terminar la historia, mirándolo fijamente, descubriendo si
le había dicho toda la verdad o no.
—Quiero conocerla —declaró luego
de quince minutos de absoluto silencio en los que Jared había estado mirando
por la ventana.
—¿A quién? —preguntó medio ido.
—A tu esposa, ¡tonto! Es lo único
que hemos hablado y la razón por la que estoy aquí —espetó de mal genio.
Suzanne quería volver a retorcerle la oreja, pero se contuvo y siguió
hablando—: Charles, Luc y yo iremos a unas cabañas esta semana. Vas a venir,
los tres. —Jared miró a su hermana con cara de incredulidad, seguía siendo tan
mandona como cuando eran niños, pero ya habían crecido y no podía decirle qué
hacer.
—Dominic tiene clases. Tengo un
trabajo y dudo que quieras hacerte cargo de él. ¡No puedo simplemente
desaparecer una semana! —protestó dejando la bolsa a un lado.
Suzanne le lanzó una mirada
fulminante.
—Pues vas a hacerlo —ordenó ella
y salió de la oficina musitando—: Nos vemos esta noche en la cena, en casa de
papá ¡y no olvides empacar!
Sí, definitivamente su hermana no
pudo llegar en mejor momento.
Dominic suspiró al ver a su madre
al final del restaurante. André lo tenía cogido por la mano, aunque no era
necesario. Él parecía muy tranquilo mientras esquivaban las mesas. Todo se
movía con una sincronización perfecta, el ir y venir de los meseros y sus
bandejas de la cocina, las pequeñas libretas en sus manos y sus retiradas
rápidas aparentemente serenas.
Evangeline estaba con Raúl, vio
desde la puerta como él le dijo algo a Paloma y ella se fue, rumbo al piso de
arriba. Ahora él tenía un brazo alrededor de los hombros de su madre y parecía
tenso mientras hablaban. Evangeline negaba con la cabeza al tiempo que él le
apretaba la mano y le besaba la frente, era un gesto fraternal. Dominic fue
testigo millones de veces de aquellas muestras de afecto, sabía que era porque
Raúl consideraba a su madre su hermana pequeña, ya que él no tenía hermanos.
En realidad Raúl siempre fue el
sensato entre los dos, Evangeline desde pequeña fue imposiblemente terca y
pesimista, siempre intentó hacerle ver las cosas, pero ya que él también era
serio, resultaba casi imposible que ella lo escuchara. Claro, la llegada de
Paloma significó un cambio para ambos. Aprendieron un poco más a disfrutar las
pequeñas cosas de la vida, hasta el punto en que Raúl dejó de intentar y la
lanzó a que viviera la vida como debía ser. Aun así, existían demasiados
secretos entre ambos, secretos que no solían compartían ni si siquiera con
Paloma.
—Mamá —musitó Dominic y se sentó
en su regazo.
Raúl lo observó con el ceño
fruncido al tiempo que Evangeline lo abrazaba muy fuerte, casi ahogándolo,
reprochándole lo mucho que la había preocupado. Ella tenía los ojos húmedos y
se veía un poco pálida, pero terminó dándole un beso en la frente y diciéndole
que estaba castigado, lo cual le parecía natural, aunque se quedaría un buen
rato sin dulces…De igual forma, probablemente Raúl y Paloma le darían, como
siempre.
—No vuelvas a hacer eso —murmuró
Raúl enfadado. Dominic dejó de ser presionado con tanta fuerza y volteó a verlo.
Raúl siempre le invitó a que hiciera travesuras, le dio dulces cuando se supone que no podía. Él era la persona
menos indicada para hacerle reclamos—. Sé lo que estás pensado, hay de casos a casos,
Dominic. No confundas las cosas. No es lo mismo que yo te saque del colegio y
te lleve al parque, a que te escapes.
—¿Cuál es la diferencia?
—preguntó Dominic con desafío.
—Raúl… —murmuró Evangeline. Raúl
hizo un gesto y ella se quedó callada.
—Que conmigo estás protegido. No
sabes lo que podría haberte pasado a ti estando solo...
—No estaba solo —interrumpió
rápidamente. Raúl pareció aún más molesto.
—Oh, no. Olvidaba que te fuiste
con tu amiguito, que tiene la misma edad que tú —farfulló.
—Te estás pasando… —protestó
Evangeline. Raúl la ignoró y siguió hablando.
—Fue irresponsable por tu parte,
no sabías qué podría pasarles a ambos estando por ahí.
Dominic apretó los labios, su
madre lo abrazó de nuevo muy fuerte. Él seguía mirando a Raúl, tal vez el hecho
de que él jamás lo regañara hizo que fuera más duro porque sabía que tenía
razón.
—No dijiste nada la vez que me
escapé para hablar con Jared —susurró.
—Porque aquel día yo te llevé
—dijo André que desde hacía rato se había sentado al lado de Raúl con los
brazos cruzados—. Raúl lo sabía, lo llamé en cuanto me fui para que te
recogiera. Ese día al menos pensaste en llamar a alguien. Hasta luego —suspiró
apoyando las manos en la mesa y se retiró.
Dominic se quedó en silencio. Paloma
volvió a bajar, le guiñó un ojo y le dirigió una sonrisa tranquilizadora a
Dominic de forma discreta en cuanto vio a Raúl. Ella probablemente no
comprendía muchas cosas de aquellos tres, pero al menos estaba ahí para cuando
quisieran contárselo.
Dominic terminó de cambiarse de ropa
mientras seguía admirando la habitación. Jared la había mandado a arreglar a
escondidas y esa noche por fin se la había mostrado. La habitación tenía un
montón de estrellas y planetas colgando en el techo que brillaban en la
oscuridad, su cama parecía un carro y tenía un montón de juguetes nuevos, al
igual que una biblioteca pequeña con muchos cuentos. Al principio Dominic no
podía creer que era para él. Evangeline se había mostrado un tanto cerrada a la
idea, pero no lo demostró frente a Dominic, sino que le regaló una de aquellas
bonitas sonrisas que podían quitarle cualquier preocupación a quien la viera.
Bajó las escaleras y corrió a la
salida. Jared y su madre estaban listos para salir, aunque ella tenía cara de
querer asesinar a Jared.
Dominic estaba muy nervioso,
Jared les dijo que su hermana estaba en la ciudad con su familia y querían
conocerlos. Tenía miedo de que no les agradara…
Se bajaron del auto, Jared
parecía resignado cuando introdujo la llave en la puerta y abrió. Dominic quedó
medio oculto entre ambos adultos mientras entraban y se hubiera quedado así si
no fuera porque Jared lo cargó.
—No te preocupes, mi familia es
muy buena —aseguró.
Un torbellino de cabello negro y
ojos grises se agarró a las piernas de Jared, casi haciéndole perder el
equilibrio.
—Hola, Luc. ¿Cómo estás, mi
sobrino favorito? —preguntó sonriendo.
—¡Soy tu único…! —replicó el niño,
pero se quedó helado al ver un niño extraño agarrado al cuello de su tío.
Frunció el ceño de inmediato—… Entonces es verdad que te casaste —balbuceó el
infante. Una mujer que se parecía mucho a Jared salió de una de las
habitaciones y les regaló una sonrisa de bienvenida—. Y que tu esposa tiene un
hijo y ahora también es tuyo…
Evangeline se puso tensa. La
mujer fijó sus ojos en Jared, que a su vez los fijó en Evangeline. Los adultos
se quedaron mirándose, Luc esperaba una respuesta y Dominic sentía que el
corazón se le apretaba.
—Sí —dijo Jared finalmente—.
Dominic ahora es mi hijo también.
Dominic miró a otro lado, tenía
una pequeña sonrisa en la cara.
—Un placer, soy Suzanne —saludó
tendiéndole una mano a Evangeline. Ella le correspondió el saludo y le tomó la
mano para no ser grosera, aunque no se esperó el pequeño tirón que le dio para
que saliera de detrás de Jared—. Luc es mi hijo y mi esposo, Charles, nos está
esperando en la cocina —comentó sonriendo—. Tú debes ser Dom. —Dominic hizo un
gesto de mano para saludarla. Suzanne le plantó un beso en la mejilla que hizo
que se sonrojara—. Tienes unos muy bonitos ojos, así como los de tu madre.
El infante esbozó una sonrisa
avergonzada y se rascó la mejilla.
La mujer se parecía mucho a
Jared, los mismos ojos y nariz, aunque el cabello de ella era un poco más
oscuro, pero no llegaba hasta el negro de Luc. El niño lucía los ojos de su
madre, solo que ella se mostraba seria, pero cordial, mientras que los del niño
normalmente rebosaban de alegría.
Luc frunció el ceño y se abrazó
fuerte a las piernas de su tío cuando Jared bajó a Dominic al suelo.
—Vayan a jugar un rato mientras
servimos la cena —murmuró Suzanne.
Los adultos se fueron a la cocina
mientras que ambos niños se quedaron ahí. Jared volvió la cabeza para verlos,
le extrañaba el comportamiento de Luc, usualmente el pequeño pegaba muchos más
saltos inquietos a su alrededor cuando lo veía.
—Déjalos, estarán bien —susurró
Suzanne y los metió a ambos a la cocina, que estaba al final del pasillo.
—No me agradas, mi tío Jared es
mío y punto —renegó Luc empujándolo. Dominic se tambaleó ligeramente. Luc tenía
apenas tres años, no era como los niños de su colegio. Además era familia de
Jared, él dijo que ahora es su papá, ¿pero y si no lo pensaba de verdad? Luc
volvió a empujarlo y estaba tan confuso que cayó al suelo.
—¡Hey! ¿Qué pasa? —interrogó
Jared que no se había quedado tranquilo.
Luc lo observó enfadado y corrió
por las escaleras.
